Lunes 12 de junio de 2017.

Una intensa semana tuvo la Sinfónica UdeC, ofreciendo conciertos a estudiantes de establecimientos educacionales, dos veces cada mañana en el Teatro UdeC, desde el 5 al 9 de junio. Año a año, miles de niños y niñas son introducidos a la música clásica sinfónica, por medio de obras teatrales elaboradas por René Ulloa, tubista de la orquesta. Este año fue el turno de “Prima Donna”, una historia acerca de dos jóvenes extraviadas que llegan a la tenebrosa mansión de un conde. El público general acudió masivamente a disfrutar este trabajo en una función especial realizada el viernes 9 de junio a las 19:00.

La escenografía de Germán Droghetti fue muy efectiva y práctica, teniendo al centro una oscura mansión que podía apreciarse desde afuera, para luego exponer su interior con simples desplazamientos. Desde la inevitable “Noche en el monte calvo” de Mussorgsky hasta el Brindis de “La traviata”, pasando por la Sinfonía n° 7 de Beethoven y “hits” del romanticismo como “Finlandia” de Sibelius, “Peer Gynt” de Grieg y óperas de Mascagni y Puccini, los fragmentos musicales escogidos por René Ulloa encajaron a la perfección con la acción escénica creada por el régie Gonzalo Cuadra. Bajo la batuta de Pablo Carrasco, los músicos de la Sinfónica UdeC, la soprano Andrea Betancur y el tenor Rony Ancavil se desempeñaron con la solvencia que les caracteriza. Ambos cantantes, junto con los actores Julio Olave y Pamela Gómez, se apropiaron con absoluta soltura del escenario.

Aparte de los recursos humorísticos para todo público, hubo algunos guiños a los oyentes más conocedores, como el nombre del jorobado sirviente del Conde: “Rigoletto” (el tenor). Una de las jóvenes extraviadas se llamaba Mimí (la soprano), por lo que era obvio que, tarde o temprano, entonaría la célebre “Mi chiamamo Mimì” de “La Bohème” de Puccini. Y así fue, pero con la sorpresa de que el jorobado Rigoletto se convirtió en su “Rodolfo”. Es el naciente amor entre ellos lo que da el giro salvífico a la historia y deja a los espectadores con la moraleja de que no es necesario ser considerado “atractivo” o “bello por fuera” para llegar a ser “el héroe” o “el bueno de la historia” ni para ser digno de amor.