13 de noviembre de 2018

El noveno concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica Universidad de Concepción fue, sin dudas, el más intenso del año. A dos obras espectaculares y técnicamente demandantes del siglo XX, se sumó el estreno mundial de un concierto del siglo XXI, obra del joven compositor santiaguino Camilo Roca. Su curioso título —“Delfines y faraones”— es una alusión a los nombres de dos jazzistas estadounidenses —Eric Dolphy y Pharoah Sanders—, cuya música es citada en este concierto. Se trata de una composición evidentemente contemporánea y muy bien construida que podría atraer incluso a algunos de los oyentes más convencionales. Esta importante adición al escaso repertorio para xilófono y orquesta fue presentada a nuestro público por su propio autor y luego interpretada con una seguridad impresionante por su dedicatario, Pablo Espinoza, uno de los dos ganadores del Concurso de Jóvenes Talentos realizado por Corcudec en enero pasado. Naturalmente, el acompañamiento orquestal de una obra contemporánea y desconocida también ofrecía dificultades para la orquesta, pero estas fueron sorteadas sin inconveniente bajo la batuta del siempre confiable Paolo Bortolameolli. El destacado director asistente de Gustavo Dudamel e invitado habitual en las temporadas de la Sinfónica UdeC, desplegó sus bien conocidas dotes de comunicador ofreciendo al público algunas esclarecedoras explicaciones y ejemplos musicales acerca de las siguientes obras.

La primera parte del programa se completó con las Danzas Sinfónicas del musical “West Side Story” de Leonard Bernstein, compositor homenajeado en todo el mundo en este, el año de su primer centenario. La partitura permitió lucir todas las capacidades técnicas y expresivas de la Sinfónica UdeC, desde la excelente afinación y transparencia de las cuerdas en las escenas más románticas de Tony y María (émulos modernos de Romeo y Julieta) hasta el estruendoso “sabor latino” de un Mambo al que Bortolameolli imprimió un pulso mucho más rápido y agresivo que el habitual, sin olvidar la chispa del “swing” y del “walking bass” de la música urbana estadounidense. Todas las familias instrumentales se amoldaron a la perfección a los diversos estilos aludidos en esta ecléctica partitura. La atención del joven maestro chileno ante cada instrucción escrita fue evidente, y en la fuga “Cool” fue incluso más allá, al restituir dos exclamaciones de los músicos que no figuran en la suite, pero sí en el musical original.

Todas las virtudes desplegadas en la obra de Bernstein se mantuvieron en la no menos exigente suite de “El mandarín maravilloso” de Bartók. Bajo la guía siempre clara de Bortolameolli, la orquesta se mantuvo coordinada y expresiva en los constantes cambios de pulso de las escenas de seducción y despachó con una contundencia apabullante la salvaje fuga final de esta obra hito del siglo XX, inspirada, al igual que “West Side Story”, en la violencia urbana. El aplauso entusiasta del público que repletó el Teatro UdeC y la entrega de un reconocimiento al solista Pablo Espinoza coronaron este concierto tan excelente como intenso, cargado de talento joven y emociones extremas.

One Response

Leave a Reply

Your email address will not be published.