08 de octubre de 2018

El séptimo concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica UdeC se inició con un minuto de silencio por don Vicente Bianchi, fallecido pocos días antes. Además, el programa —tal como estaba anunciado desde principios de año—, contenía una obra suya que sirvió de oportuno homenaje. Así, un Teatro UdeC lleno pudo recordar al querido maestro escuchando su “Tonada rítmica”, pieza concebida cuando Bianchi vivía su primera fama como director de orquestas radiales. Con una batuta siempre precisa y elegante, el maestro japonés Koji Kawamoto navegó con soltura por nuestros ritmos típicos y extrajo de la orquesta todo el brillo y colorido de esta partitura cuyo atractivo radica precisamente en su lograda orquestación.

Dos sinfonías, una del Haydn maduro y otra del Schubert juvenil, también permitieron apreciar las virtudes del director nipón, quien trazó un límite claro, pero no exagerado, entre los estilos de ambas creaciones. En la Sinfonía n° 92 de Haydn, transparentó las texturas y cultivó fraseos y articulaciones nítidos y vivaces, poniéndose en línea con las corrientes historicistas de interpretación. En la Sinfonía n° 1 de Schubert, creó un sonido más macizo y texturas más tersas, especialmente en los movimientos centrales. La orquesta respondió con admirable flexibilidad a estos diversos enfoques.

Pero la principal atracción del programa fueron las obras para arpa de Debussy y Ravel, con Patricia Reyes como solista. El maestro Kawamoto guio un acompañamiento flexible, transparente y rico en detalles para la connotada integrante de la Sinfónica UdeC, quien transitó con imponente sonido y notable desenvoltura técnica por las complejas partituras, creadas para lucir al máximo dos modelos distintos de arpa. La intérprete se ha concentrado este año en su carrera solista, apareciendo junto a varias orquestas nacionales, un esfuerzo que fue merecidamente premiado con el generoso y emotivo aplauso de “su” público y “su” orquesta.