Lunes 02 de octubre de 2017.

Una velada absolutamente extraordinaria se vivió en el octavo concierto de la temporada sinfónica. El director nacional Paolo Bortolameolli demostró con claridad por qué ha logrado situarse entre las batutas jóvenes más destacadas del mundo, al impulsar a la Sinfónica UdeC a su máximo nivel en todas sus filas a lo largo de todo un intenso programa.

La primera parte agrupó dos obras de Beethoven. Fiel a su costumbre, Bortolameolli dirigió algunas palabras al público, destacando el contraste entre estas obras, que revelarían dos facetas muy distintas del compositor. La obertura escrita para el “Egmont” de Goethe, que representaría al Beethoven más revolucionario y comprometido con los conflictos políticos de su tiempo, recibió una interpretación muy correcta, con una introducción lo suficientemente fluida como para apreciar con claridad el ritmo de zarabanda española (tema del invasor en este drama), mientras que la conclusiva “sinfonía de victoria” irrumpió con especial entusiasmo, subrayado por un explosivo timbal a cargo de Pablo Soza.

Pero fue la Sinfonía n° 4 la obra que sonó verdaderamente revolucionaria en la interpretación de Bortolameolli y la Sinfónica UdeC. Según el director, representa al Beethoven humorístico, aspecto en que se sitúa como heredero de su maestro Haydn. Pero este humor llega al punto de desafiar frontalmente las expectativas del statu quo, tal como se reveló en la vitalísima ejecución que escuchamos. Para ello fue crucial la influencia de la interpretación históricamente informada, manifiesta en la cuidada y chispeante articulación y la transparencia de las texturas, además de un timbal situado como incisivo y atento protagonista de los a veces inesperados sucesos. El movimiento final, con sus estridencias casi “rockeras”, fue despachado a un pulso arrebatador, en una exitosa prueba de virtuosismo colectivo.

El mismo entusiasmo se mantuvo en la segunda parte del programa, iniciada con una interpretación particularmente enérgica de la Danza Fantástica del penquista Enrique Soro y completada con la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Sergei Rachmaninov. Este homenaje de un virtuoso instrumentista a otro tuvo un intérprete ideal en el mundialmente célebre pianista Eldar Nebolsin. Su asombrosa soltura al teclado, incluso en los pasajes más diabólicamente difíciles, fue complementada por una batuta absolutamente segura y una orquesta completamente empoderada en su rol de coprotagonista, impuesto por la riquísima instrumentación de Rachmaninov. El público que casi repletaba el Teatro UdeC estalló en aplausos con una potencia inaudita. Dos preludios de Rachmaninov ofrecidos por el solista cerraron una velada inolvidable: indiscutiblemente uno de los mejores conciertos de las últimas temporadas de la Sinfónica UdeC.