Marcela Cerezzo es violoncellista de la Orquesta Sinfónica Universidad de Concepción, a la cual se integra el año 1984 como violoncellista de fila.

El año 1989 gana concurso para asumir como asistente de solista, desde ese periodo ha ocupado el cargo de Jefe de Fila y hoy lo asume nuevamente.

También ha participado en innumerables conciertos de música de cámara y practica la docencia en proyectos de orquestas infantiles y juveniles de la región.

“El rol de Jefe de Fila es de mucha responsabilidad, sin duda que la experiencia es fundamental, así como tener una buena llegada y comunicación con los colegas. También es muy importante realizar un buen trabajo como equipo y una fluida comunicación con los directores”, expresó sobre este puesto.

Durante este tiempo de cuarentena ha debido reinventarse. “Nos debemos al público y este distanciamiento social nos pone a prueba. No es fácil, porque los artistas, en general, nos retroalimentamos del público, por lo mismo hay que crear estas nuevas formas de hacernos presentes y grabarnos desde la casa”, comenta sobre los constantes saludos musicales y conciertos online que ha compartido la Corcudec.

De madre a colega

Otro factor que singulariza a Marcela es que, en algunos conciertos, comparte escenario con su hija Talia Pavez, violinista invitada de la OSUC. Proveniente de una familia de músicos, fue un paso natural en su vida. “Yo crecí con la música y mis hijos también”, afirma Marcela.

Talia comenzó a estudiar a los ocho años en el Conservatorio Bach. Si bien su instrumento era el violín, siempre soñó con cambiarse al cello, pero no la dejaron porque en la familia ya había muchos que tocaban este instrumento y “había que poblar la familia musical”, recuerda con humor.

Con su abuelo, quien era pianista, debía estudiar los conciertos y repertorios, por lo que la música fue parte de la vida. Al momento de decidir cuál carrera seguir, consideró el Derecho, pero su pasión la guio hacia la música, retomando las clases con Patricio Salvatierra.

Tuvo un paso por la Orquesta de Cámara Juvenil en Santiago, y a la vez, nació su hijo Tomás. Para luego ser miembro de la Orquesta de Cámara del Teatro Municipal y regresar a Concepción donde toca como extra en la OSUC, junto a su madre. “Toda la vida hice música con ella, por lo que era un paso más, pero me pasa que en un concierto la miro y pienso ‘que lindo’ y atesoro ese momento”.

Al preguntar sobre estos momentos, la cellista añade que como madre es un gran orgullo tocar junto a su hija “es ver la esencia de la familia proyectada”, y “que continúe con el legado musical que sembrara mi padre. Sin embargo, es preocupante la inestabilidad laboral por la que están pasando muchos jóvenes músicos en este periodo”, detalla. Confirmando que dedicarse a la música es una “apuesta hermosa, personal y de mucha entrega”.

Afirma que entendiendo lo complicado que es dedicarse a la música, Talia eligió este camino, “lo que la hace muy valiente”, así como su otra hija María Luisa, profesora de Arte y violista. Las tres hacen clases en Chiguayante, en un proyecto de orquesta de niños, además de participar en cuartetos, tríos y orquestas de cámara, “está en los genes”, agrega.

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